A MÍ KAZÁN

(Autora Amparo García Lomeña)

 

No te veo y sin embargo sé que sigues a mí lado,

pero al no verte no acepto el vivir con tanto amargo,

fuiste mí mejor amigo y sigues siéndolo porque,

sigues a mí lado y porque yo así lo creo,

aunque al pensarlo hago daño.

Tus ojos sé que me miran, pero no vivo sin verlos,

tu nobleza y tu arrogancia fueron juntas de la mano,

pero no eran de éste mundo, éste mundo solo es para los humanos

y los nobles como tú no soportan el engaño.

Por eso tú caminando te alejaste de mí lado,

dejaste floja la cuerda sostenida por mí mano

y cuando volví a abrir los ojos,

se borró tu bella imagen.

Te ví como en tantos sueños,

que te alejabas despacio que te perdía,

y que luego te encontrabas a mí  lado

y te abrazaba llorando y daba gracias a Dios

porque el sueño ya había pasado.

Pero yo ya lo sufría porque soñarlo era lo malo,

te abrazaba y te besaba y contra mí pecho apretado

te decía tantas cosas...que me mirabas asombrado

con esos ojos tan lindos de caramelito claro,

mirando sin comprender  lo que a mí me había pasado.

Pero tú correspondías con tu cariño sobrado,

dándome con tu presencia, con tu calor y mirada

lo que por pocos segundos el sueño a mí me robara

y, ¿dónde yo he de encontrar tu dulce y tierna mirada?.

Si aunque busque no he de ver nada,

que no sea la nada y aunque a mirar quiero

y pronto saber mirar en la nada,

y si la vida te diera, dando unos años de nada,

por ti gustosa los diera, pues tras tu vida se fue mí alma.

Dentro de mí corazón, si que guardo tu mirada,

el adiós que tu me diste cuando de tu vida

ya tan poquito quedaba,

siento en mí espalda el adiós clavado como garras,

que araña mí corazón como un puñado de zarzas.

Nos despedías con tus ojos que no nos separaran,

pero nos faltó el valor y eso destroza mí alma

y por eso es que en mí espalda clavada está tu mirada,

como una garra que escarba hasta el fondo de mí alma.

Me preguntan si estoy bien, si ya estoy más animada,

y al responder me estremezco, pues me asustan las palabras,

¿cómo voy a estar mejor faltando lo que me falta?,

si para nosotros dos se acabó aquella esperanza.

Cuando llegamos a casa y va cediendo la puerta,

el corazón nos estalla al no estar KAZÁN tras ella,

¡Qué digo, no!,

Sí que está pero ya no tiene forma

y te la has de imaginar difuminada en la sombra

y has de imaginar difuminada en la sombra

y has de imaginar que existe y que está pegado a ti,

para poder, por lo menos, imaginas ser feliz.

Mira despacio y sin pena,

y verás con que silencio va KAZÁN a aquella estrella,

sube lo mismo que el humo

y sigue dejando una huella en quienes tanto le quieren

y quién el tanto quisiera.