¿
Habéis contemplado la belleza que refleja
los
caballos galopando en la pradera?
Agitan
sus crines, azotando sus grupas,
El
aire apenas roza sus grandes y majestuosos cuerpos.
Se
reúnen en manadas, formando familias hermosas,
pactando
en los campos, y al atardecer bajan a beber en las orillas de los
arroyos,
sumergiendo
sus hocicos en las claras aguas,
mirando
tan bella estampa en la
lejanía,
el
esplendor del sol al esconderse,
qué
juegos de colores ¡ay Dios mío! forman el ocaso.
Oigo
el ruido de los cascos agitados en la hierba,
corriendo
hacia el bosque que será su hogar,
para
resguardarse de la noche fría y oscura
hasta
que la claridad serena del crepúsculo,
Los
saca de nuevo al mundo, a pastar.
La
yegua con su caballo y pequeño potrillo,
cuadro
para poder plasmar en un lienzo de lino fino,
Mágico
paisaje para reflejar y que dure toda una eternidad.
Afloran
recuerdos de mi niñez,
horas
tranquilas, sentada en la hierba fresca
Huyendo
de la cruda realidad.
Plácida
visión, contemplada con mirada tierna,
produce
en el espíritu paz y sosiego que una tanto busca,
añoranzas
de lo más elevado,
Trascendente
en la mente, que ha quedado latente y no dormida.
Aires
de independencia sentiré en mi vivir,
pero
nunca consolidaré definitivamente la relación que existe,
entre
el pasado que dejó marcado mi presente,
Gran
parte de mí, sumergida.